La experta en neuroeducación Elena del Pilar Jiménez-Pérez considera que el problema no está en utilizar tecnología en las aulas, sino en el uso que hacen los menores de las redes sociales
Los resultados del último informe PISA han vuelto a poner sobre la mesa las dificultades que tienen muchos estudiantes para comprender correctamente aquello que leen. Una situación que preocupa al mundo educativo y que, para Elena del Pilar Jiménez-Pérez, también debe analizarse teniendo en cuenta el papel que juegan hoy los teléfonos móviles, las redes sociales y las nuevas tecnologías.
Jiménez-Pérez es asesora de la editorial RUBIO, titular del Departamento de Didáctica de la Universidad de Málaga y presidenta de la Asociación Española de Comprensión Lectora. Desde su experiencia en neuroeducación, IA y competencias clave, considera que no se puede responsabilizar directamente a la tecnología de los problemas de atención de los jóvenes.
“El problema no es la tecnología ni la IA, que ya forma parte de nuestras vidas y debemos relacionarnos de manera sana con ella. Es el uso que le damos en casa y en las aulas”, explica.

Su principal preocupación está en las redes sociales y en la forma en la que están diseñadas para conseguir que el usuario permanezca el mayor tiempo posible conectado. Una cuestión que, en el caso de niños y adolescentes, puede tener una especial incidencia porque su cerebro todavía está en proceso de desarrollo.
Por este motivo, la especialista considera necesario establecer límites y prestar especial atención al tiempo y al uso que los menores hacen de estas plataformas. En su opinión, no se trata simplemente de prohibir la tecnología, sino de acompañar a los jóvenes para que aprendan a utilizarla de una manera adecuada.
¿Cómo saber si existe una dependencia?
Más que fijarse únicamente en cuántas horas pasa un niño delante de una pantalla, Jiménez-Pérez recomienda observar su comportamiento diario. Hay determinadas situaciones que pueden servir como señales de alerta.
Una de ellas aparece cuando el menor interrumpe constantemente una conversación, una película o cualquier otra actividad para mirar el teléfono. También debería llamar la atención que el móvil o la tableta sean lo primero que utiliza al levantarse y lo último antes de acostarse.
Otro indicador puede ser que recurra siempre a las pantallas cuando está aburrido o necesita relajarse. También conviene observar su reacción cuando los padres intentan retirarle el dispositivo: ansiedad, enfado o incluso agresividad pueden ser señales de que existe una relación poco saludable con la tecnología.
A estas situaciones se suman otros comportamientos, como hablar continuamente de contenidos relacionados con las redes sociales o mostrar dificultades para relacionarse con otros jóvenes cara a cara.
Para la experta, una relación saludable con la tecnología debería permitir que un niño pueda dejar el dispositivo cuando se le pide y continuar con normalidad con cualquier otra actividad.
La importancia de enseñar a leer también fuera del colegio
La comprensión lectora no se trabaja únicamente delante de un libro. El día a día ofrece muchas oportunidades para que los niños aprendan a entender, comparar y analizar información.
Una de las recomendaciones de Jiménez-Pérez es recuperar la lectura compartida en familia y combinar diferentes tipos de textos. No todo tiene que ser una novela. Un cómic, una revista o un microrrelato también pueden servir para mantener el hábito lector.
Incluso situaciones tan cotidianas como hacer la compra pueden convertirse en pequeños ejercicios. Comparar las etiquetas de dos productos y decidir cuál interesa más obliga al niño a leer, buscar información y sacar sus propias conclusiones.
Lo mismo ocurre en la cocina. Leer una receta y explicar a los padres qué hay que hacer en cada paso es una manera sencilla de trabajar la comprensión sin plantearlo como una tarea escolar.
La especialista también recomienda acostumbrar a los jóvenes a contrastar la información. Leer una misma noticia en diferentes medios puede ayudarles a detectar diferencias y formar su propio criterio.
Utilizar la inteligencia artificial para aprender a comprobar información
La llegada de la inteligencia artificial plantea nuevos retos, pero también puede convertirse en una herramienta educativa.
Una de las propuestas de Jiménez-Pérez consiste en utilizarla como una especie de juego de detectives. Se puede hacer una pregunta a una herramienta de IA y, posteriormente, comprobar si los datos que ofrece son correctos, si falta información o si ha cometido algún error.
De esta forma, los jóvenes no solo aprenden a utilizar una nueva tecnología, sino también a no aceptar automáticamente como cierta cualquier respuesta que aparezca en una pantalla.
La especialista considera que esta capacidad será cada vez más importante en una sociedad en la que los jóvenes tienen acceso a una cantidad de información prácticamente ilimitada.
Se trata de comprender, no solo de leer
Para Jiménez-Pérez, mejorar la comprensión lectora significa preparar a los niños para situaciones que van mucho más allá de un examen. Saber leer también significa poder entender una noticia, interpretar las instrucciones de un medicamento, completar correctamente un formulario, comprender un contrato o saber utilizar un plano.
Esta es la filosofía que está detrás de ConTEXTOS, la propuesta de RUBIO para trabajar la comprensión lectora durante la etapa de Primaria. El programa aborda aspectos como la atención, la memoria, la inferencia y el pensamiento crítico y toma como referencia los estándares internacionales PIRLS.
La propuesta busca, además, que la lectura esté presente en situaciones reales y en formatos diferentes. Desde interpretar la letra de una canción hasta comprender un documento administrativo.
La tecnología ya forma parte de la vida de los niños y adolescentes y, como señala Jiménez-Pérez, no parece que vaya a desaparecer. El reto, por tanto, pasa por enseñarles a utilizarla sin que termine ocupando el espacio de otras actividades necesarias para su desarrollo: leer, conversar, relacionarse, prestar atención y aprender a pensar por sí mismos.
Y en ese aprendizaje, el papel de las familias y de los docentes resulta fundamental.











